Día 5

IMG_6838.jpgHoy es el último día del seminario didáctico en el Colegio Español de Malabo. Marta Pilar ha terminado un croquis a mano del proyecto de la sala multiusos y se lo ha presentado a Pergentino, quien le ha dado luz verde. Conjuntamente han realizado un estudio de los posibles materiales más adecuados a las características climáticas de Malabo. Desde este blog seguiremos el proceso de financiación y construcción.

Por otro lado, Patricia ha enseñado a inmovilizar articulaciones lesionadas, generando una clase llena de educadores con brazos y piernas vendadas.

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Mamen explicó los tipos de refuerzo que favorecen la buena participación haciendo una actividad en la que presentaba la utilización de sellos motivadores para niños, también utilizados en el colegio Diocesano de Guadalajara. Por último, y para despedirnos, Conchi realizó su clase al aire libre. “Comportarse como niños para saber cómo son los niños”, así presenta la actividad con algunos de los materiales de psicomotricidad que trajimos de España. Es muy divertido ver como juegan a juegos como “Bomba” con una pelota o corren a meterse a los aros en cuanto apagan la música. Da la sensación de que, hasta los más serios, han vuelto a ser niños durante la hora y media que dura la sesión.

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Prometemos mantenernos en contacto, capturamos en una fotografía lo que ha sido esta semana, todos juntos bajo la imagen de un don Bosco que estaría orgulloso de todos nosotros, y marchamos unos cuantos a visitar la isla.

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Primera parada: Arena Blanca, la primera playa que vemos. A diferencia que las de España, aquí apenas hay unos niños que juegan dando volteretas o escondiéndose en las barcas. Alrededor hay cabañas de madera donde los isleños se sientan a limpiar los caracoles que han cogido (del tamaño de un puño y más).

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Pronto continuamos nuestro camino. Siguiente y última parada, Luba. Allí nos perdemos, pero los niños que juegan por las calles nos dirigen a un colegio de monjas en la cúspide del pueblo, corriendo delante del coche para que les sigamos. Es increíble cómo, a pesar de no recibir apenas turismo, son sorprendentemente hospitalarios. En el recinto educativo nos encontramos a un paraguayo que cuida de las instalaciones y que nos invita a comer coco. Machete en mano lo abre y, por primera vez, bebemos agua de coco y lo comemos de forma natural. ¡Nos sorprendemos hasta viendo una piña madurando! Un gato nos sigue y mientras lo acaricio nuestro conductor insiste en que la única relación que tendrá con los gatos será en la olla para comer. “¡Mira qué carne tiene!” dice, y nos reímos mucho, y es que cada uno lo ve a su manera. “Aquí no se desperdicia nada”, explica.

Volvemos a Malabo acompañados de Cadena 100, nuestro conductor se ha hecho con un CD y nos pasamos todo el viaje escuchando Maldita Nerea, Bustamante o Rosana, ante un paisaje que nos recuerda que estamos lejos de nuestra tierra pero que aun así no hace falta estar cerca para sentirnos en ocasiones como en casa. Vamos despidiéndonos de la isla… al fin y al cabo mañana será nuestro último día…

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